Las mujeres pueden darle al esférico en estas latitudes, sí, pero el señor fútbol sigue considerándose un deporte poco femenino.
Por Marianne Meier*
Pantallas de televisión con fondo verde omnipresentes en bares y restaurantes, autos, balcones y escaparates decorados con banderas. Toda Suiza rinde pleitesía al señor fútbol. Junto al tradicional
público masculino, cada vez hay más mujeres y niñas ante las grandes pantallas, cambiando estampillas o cromos de fútbol y en los estadios.
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Creciente interés por el fútbol: Las aficionadas celebran el triunfo ante Togo de la selección de Corea del Sur..
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Pero mientras el entusiasmo femenino en las gradas está cada vez mejor visto, las mujeres futbolistas siguen encontrando resistencia y enfrentándose a prejuicios. Al contrario que sus colegas
masculinos, las futbolistas no responden al ideal de belleza imperante en la sociedad. Un hecho que no tiene tanto que ver con la realidad anatómica de las chicas en cuestión sino con la relación de
todo punto irreconciliable en nuestro mundo cotidiano entre lo femenino y el fútbol.
El entrenador alemán Otto Rehagel, el nuevo dios del olimpo futbolístico griego tras el Campeonato de Europa 2004 en Portugal, lo expuso sin rodeos en 1990 en una entrevista concedida al periódico
dominical suizo Sonntagsblick: „Las mujeres son seres gráciles. Me gusta verlas practicando la gimnasia artística, pero cuando se ponen a correr tras un balón como percherones, la cosa cambia!»
Las concepciones de lo masculino y lo femenino varían constantemente
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Luchadoras, ambiciosas, seguras de sí mismas: Las deportistas ponen una y otra vez en tela de juicio los tradicionales atributos masculinos.
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Mientras que tales comentarios más bien burdos podían publicarse sin problemas en los años 70, la declaración de Rehagel es ya en 1990 algo poco habitual. El hecho de que falten tales aserciones
en la prensa de los últimos años demuestra que está habiendo un cambio paulatino de mentalidad.
La definición de lo que en nuestra civilización se considera masculino y femenino era diferente en el pasado de lo que es hoy, y es hoy diferente de lo que será mañana. En esta distinta concepción de
lo masculino y lo femenino no sólo influye el factor cronológico sino también el correspondiente contexto social. Así, por ejemplo, el fútbol en EEUU y el baloncesto en Senegal se consideran deportes
„típicamente“ femeninos, mientras que otras disciplinas son coto exclusivo de los hombres.
También en el siglo XXI sigue existiendo el antagonismo entre “ser mujer” y “ser deportista”, sobre todo en sociedades tradicionalmente patriarcales. Los atributos femeninos se siguen definiendo de
manera primaria mediante tópicos como recato, elegancia, pasividad y debilidad, mientras que una deportista, y justamente también una futbolista, debe mostrar un espíritu de lucha, de tesón, de
orgullo y de autoestima para lograr éxito.
Empoderamiento de niñas y mujeres mediante el deporte
El potencial de este deporte “tan masculino” respecto a los papeles atribuidos a los distintos géneros está precisamente en que puede hacer saltar por el aire estas rígidas estructuras sociales. Si
las mujeres reivindican un lugar público, si saben lo que quieren, si tienen ambiciones, si lo gritan bien alto, si se imponen físicamente, si saben ganar y perder, también puede cambiar el concepto
que tienen de sí mismas. Además del enriquecimiento personal que ello supone, también se abren nuevos horizontes en el contexto social de las mujeres y niñas que practican deporte: Hay que procurar
espacio, conceder tiempo libre, fomentar la autonomía organizativa, permitir la diversión, compartir los progresos y poner a disposición la infraestructura necesaria. Para no exponer a riesgos
inútiles a las mujeres que franquean barreras, hay que elegir muy bien los tipos de deporte que se practican considerando las circunstancias socioculturales imperantes, hay que ir introduciéndolos
gradualmente e ir sensibilizando a la opinión pública para ello.
Esta relación entre deporte y género se reconoce cada vez más también como instrumento en el marco de la cooperación al desarrollo, siendo integrada por ello en programas y proyectos. En ningún otro
campo y de ninguna otra manera puede aplicarse el término empoderamiento tan al pie de la letra como en el deporte y mediante el deporte.
A lo largo del siglo XX, tanto las primeras ciclistas, estudiantes, soldados como las primeras futbolistas fueron conquistando nuevos territorios. La apasionada naturalidad con que la nueva
generación de muchachas corre hoy detrás del balón hará que los prejuicios contra el fútbol femenino sean dentro de veinte años algo tan anticuado como lo son hoy en Suiza los prejuicios que había
contra el derecho al voto de la mujer, tan tardíamente concedido.
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