«Muchas personas no son conscientes de que nuestra forma de vida depende de los ecosistemas»
El climatólogo Thomas Stocker realizó hace ya veinte años investigaciones sobre la relación entre la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera y el aumento global de las temperaturas. Hoy es codirector del grupo de trabajo “Ciencia” del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y lucha a favor de una política climática activa. Por Gabriela Neuhaus.
Un solo mundo: ¿Cuál es, en su opinión, su papel como científico en la configuración de la futura política climática mundial?
Thomas Stocker: Mi función de jefe del
Departamento de Clima y Física Ambiental de la Universidad de Berna me hace responsable de que se lleve a cabo una buena investigación científica. En tanto que codirector del grupo de trabajo Ciencia
del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, IPCC (véase el recuadro), mi cometido es presentar los mejores resultados científicos de la investigación climática de modo que los
responsables de las decisiones cuenten con argumentos claros y de peso sobre el cambio climático.
El encuentro que los climatólogos celebraron en marzo para preparar las negociaciones sobre el clima del próximo mes de diciembre en Copenhague dio la impresión de que la evolución del
cambio climático ha seguido agudizándose desde el 4º Informe del IPCC de 2007. ¿Es esta impresión fundada?
El Informe del IPCC tenía actualidad en el momento de su publicación, en 2007.
Desde entonces, se han llevado a cabo ulteriores observaciones del cambio climático, que no hacen sino confirmar el panorama de aquel entonces; un ejemplo lo tenemos en la evolución de las
temperaturas. La capa de hielo del Ártico se ha reducido de hecho más rápidamente de lo que los modelos habían pronosticado. Sin embargo, otros estudios mostraron después que dicho fenómeno se
mantiene, al menos en parte, en el marco de las oscilaciones naturales. Precisamente en un sistema complejo como este, en el que hay que determinar primero el margen de oscilación de las variaciones
naturales, es sumamente difícil determinar las alteraciones efectivas. Sobre todo, cuando los datos existentes no se remontan a un pasado lejano, como es el caso del hielo del Ártico. Ahí, no
contábamos con datos de medición de toda el área hasta 1970; lo cual es, relativamente, poco tiempo.
Lo que, en todo caso, no nos esperábamos es que las emisiones de gases de efecto invernadero aumentaran más fuertemente, algo que ha sucedido en los últimos años. Aquí nos enfrentamos, efectivamente,
a un aumento que va más allá del peor escenario imaginable utilizado por el IPCC. Evitar que esta tendencia siga avanzando con el desarrollo de las emisiones es algo que está sólo en nuestras manos:
Somos nosotros, los seres humanos, quienes decidimos si aceptar una ulterior aceleración del aumento de las emisiones o si queremos, por el contrario, adoptar medidas que permitan llegar incluso a un
nivel inferior al del escenario más bajo del Informe del IPCC. Esto sería necesario para cumplir la norma vinculante de derecho internacional establecida en la Convención del Clima de las Naciones
Unidas de 1994. En esta, en el artículo 2, se establece claramente que la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera ha de estabilizarse en un valor que excluya cualquier
interacción peligrosa entre ser humano y clima.
¿Cuáles eran, en su opinión, los contenidos más importantes del 4º Informe del IPCC de 2007?
Uno de los puntos importantes que el 4º Informe Climático mostró por primera vez
de forma tan evidente fue que el calentamiento produce una serie de reacciones en cadena. Yo estoy convencido desde hace un cierto tiempo de que el cambio más importante, y posiblemente el más grave,
se lleva a cabo en el ciclo del agua. El informe muestra claramente que las regiones ya afectadas por la sequía la padecerán en mayor grado, y ello porque los periodos de sequía serán más largos y
porque la sequía se extiende también geográficamente. Y en las regiones en las que ya hay bastante agua, es decir en las latitudes geográficas medias y altas, lloverá en el futuro aún más. Esto
significa que al reto que comporta ya de por sí el calentamiento hay que añadirle el reto que implica el cambio en la disponibilidad del agua. Hoy sabemos ya, por ejemplo, que en la India el retraso
de una semana del monzón conlleva consecuencias importantísimas en el sistema ecológico y económico del país.
En 2013 aparecerá el 5º Informe del IPCC. ¿Qué nuevos conocimientos incluirá?
Se espera de la investigación que aporte conocimientos aún más precisos así como nuevos
resultados para los distintos temas. Para muchas regiones costeras reviste una importancia capital saber cuánto se elevará la superficie del mar. Para poder pronosticarlo, tenemos que comprender
mejor cómo evoluciona la capa de hielo de Groenlandia y del Ártico bajo unas condiciones climáticas más cálidas.
Otro tema que a investigadoras e investigadores nos interesa especialmente es la correlación de los cambios climáticos: La ciencia sigue hoy día sin estar en situación de establecer relaciones
causales entre fenómenos medioambientales locales, como pueden ser, p. ej., los periodos estivales de sequía en España, y el calentamiento climático global. Sólo a partir del momento en que podamos
probar que el hecho de tener que renunciar a tener agua en el propio jardín tiene relación con el cambio climático global se tomarán a nivel de política local las correspondientes decisiones. Estamos
más dispuestos a adoptar medidas para proteger el clima cuando nos vemos directamente afectados y cuando conocemos el nombre concreto de los causantes.
De lo que se trata es de entender la entera cadena y de poder ordenar mediante el criterio causa-efecto los cambios que se observan y remitirlos estadísticamente al aumento de los gases de efecto
invernadero. Este es un problema científico complicado pero que es necesario plantearse si queremos demostrar que estos cambios, y sus manifestaciones extremas como las inundaciones o las sequías,
tienen relación con el cambio climático global.
¿Cuánto se sabe acerca de la evolución climática regional? ¿Hay diferencias en el grado de conocimientos respecto a las distintas regiones del mundo?
Por lo que se refiere a
las informaciones climáticas locales hay muchas lagunas. Esto tiene que ver con la débil base científica con que se cuenta en las regiones seriamente afectadas: En ellas, es enormemente difícil
encontrar científicos que dispongan de recursos y de experiencia para poder suministrar al IPCC información clave respecto al clima de la región en cuestión. Esto, sin embargo, sería fundamental para
poder entender mejor las condiciones climáticas locales. Por otra parte, la necesidad de ahorrar hace que incluso en los países industrializados se descuiden o se cierren las estaciones de
observación. También aquí debemos luchar para que el estado de las cosas por lo que a los datos se refiere no empeore.
Aspiramos a mejorar la situación de los datos y también a perfeccionar nuestros modelos globales. Aquí lograremos seguramente ulteriores mejoras en el futuro dado que al ser mejor la resolución de
los modelos, podremos trabajar más en detalle. No hay que olvidar, por otra parte, que las computadoras son cada vez más rápidas. Nuestros pronósticos son cada vez más precisos. Claro que siempre
existirá un factor de inseguridad en el que la ciencia no puede influir: Dado que no sabemos hasta qué punto aumentarán las emisiones durante los próximos años, tenemos que seguir trabajando con
escenarios.
Hoy se considera científicamente seguro que el causante del cambio climático es el ser humano. ¿Ha facilitado esto su trabajo?
No, al contrario. Cuanto más inequívocas son
nuestras afirmaciones, más claro está que hay que adoptar medidas si se quiere tener bajo control el cambio climático, sus repercusiones y, sobre todo también, los costos que genera. Esto tiene como
consecuencia que aquellos círculos que no quieren cambios refuerzan sus posiciones e intensifican sus esfuerzos y su propaganda. Es justamente lo que estamos viviendo en estos momentos. (Señala el
texto de posicionamiento ante el cambio climático del partido popular suizo (SVP), que tiene delante, en la mesa). Hay, de hecho, partidos que en febrero de 2009 han exigido seriamente derogar la ley
del CO2 y han pedido que Suiza renuncie a participar en el protocolo sucesor del de Kyoto, mientras no se comprometan a la limitación de las emisiones todos los grandes países emisores. Naturalmente,
rechazan también las reglamentaciones nacionales, que van más allá de los compromisos internacionales. Es decir que se quieren distanciar de este cambio, que no sólo tiene lugar en el clima sino que
afectará a toda la economía mundial. Alguien que exige algo así está diciendo claramente: No queremos tomar parte en este proceso de pensamiento, desarrollo e innovación. Esto es en el fondo algo
terrible. Es lo mismo que si hace cien años hubiéramos dicho: Seguimos construyendo ruedas de madera, seguimos fabricando coches para caballos y retiramos los excrementos de los caballos con palas.
Todo esto ha pasado a la historia porque la tecnología ha evolucionado. Y esto seguirá siendo así en el futuro; quien quiere mantener y crear puestos de trabajo, apuesta por la innovación. Los demás
se quedan en el camino.
En Suiza hay muchas PYMES que hace tiempo que practican esto que digo en sus respectivos campos. Incluso aunque no estén representadas en los niveles de los lobbys, llevan a cabo en sus puestos un
trabajo muy valioso, son muy conscientes en sus compras, ofrecen cursos de formación y perfeccionamiento para sus empleados, etc. Yo conozco un caso en el que a pesar de haber duplicado el personal,
la necesidad de energía ha aumentado sólo un 5 por ciento. Aquí puede hacerse aún mucho.
Los países industrializados son considerados hoy día los principales culpables del cambio climático. ¿Seguirá siendo esto así?
Está claro que los países industrializados son
responsables tanto del cambio climático registrado hasta ahora como del futuro: Si yo emito hoy una tonelada de CO2, esto tiene repercusiones durante los próximos siglos. Pero hoy los países
emergentes, con su rápido crecimiento, son igualmente responsables. No por lo que respecta al pasado pero sí de cara al futuro. En estos países hay que impedir ahora con tecnologías innovadoras que
tengan que seguir el mismo camino con productos ineficientes que el que hemos seguido nosotros. Si la gran masa de la población tiene que conducir un auto, las sociedades como China o India tienen
que empezar con el auto de dos litros. Sin embargo, resulta obvio que las ciudades se verán desbordadas por el problema del tráfico; el desarrollo agresivo del transporte público es inevitable.
Justamente en los países emergentes y en desarrollo la emisión de CO2 sigue aumentando, en parte, enormemente. ¿Puede justificarse esto?
Estos países tienen una tasa de
emisión per cápita mucho más baja que nosotros; la mayoría están muy por debajo del consumo de 2000 vatios. Sin embargo, nosotros, en Suiza, tenemos que reducir la tasa de emisión de gases de efecto
invernadero a dos toneladas per cápita, es decir dos tercios. Yo no digo que esto sea imposible, pero no podemos dormirnos en los laureles, puesto que las emisiones en las sociedades hoy poco
industrializadas irán en aumento; de esto no cabe duda.
¿Qué medidas habría que adoptar para reducir las consecuencias del calentamiento climático?
Necesitamos nuevas tecnologías y aprender a economizar los recursos. Y tenemos que
redefinir el concepto de »calidad de vida», apostando en lo posible por ciclos cerrados de material y de energía.
En nuestro entorno, p. ej., una calidad de vida alta consiste en vivir lo más cerca posible del trabajo. O, si uno opta por vivir en medio de la naturaleza, en utilizar para ir de A a B un medio de
transporte público o la bicicleta. Ahora bien, si trasladamos el concepto de calidad de vida a un pueblo de África o la India, las cuestiones son bien distintas; aquí uno se pregunta: ¿Cómo puedo
sacar adelante a mi familia, cómo encuentro acceso al agua potable, a un aire no contaminado, a un entorno limpio? Si se quiere lograr una calidad de vida en estos países, se requiere una cierta
regulación: No hay acuerdos voluntarios respecto a los derechos humanos; tampoco, respecto a los límites de velocidad. Por ello, resulta difícil llegar a un acuerdo voluntario de reducción de
emisiones. De todos modos, tampoco entre nosotros parece fácil hacerlo.
¿Quiere decir esto que 2009 – con la Cumbre Climática de diciembre en Copenhague – será un año decisivo para la historia del clima?
Se trata de formular un protocolo
vinculante. Este tiene que exponer claramente las reducciones que se esperan de los países industrializados y acompañarlas de sanciones para el caso de que estas no se lleven a cabo. Además, se trata
de incorporar a los grandes emisores. Está claro que en estos contratos también tienen que participar India y China, con responsabilidades generales pero diferenciadas. Todos son responsables pero en
diferente medida; y también los países en desarrollo deben participar. Por otra parte, habría que tener un plan de actuación claro sobre cómo tratar los derechos de emisión. En los últimos años se ha
visto también que cuando la libertad de comercio es total, estos derechos se convierten en un objeto de especulación.
¿De cuánto tiempo disponemos para implementar medidas de protección del clima?
El calentamiento causará la desaparición de ecosistemas. Muchas personas no son conscientes de
que nuestra forma de vida depende de estos ecosistemas, a los que día tras día pedimos gratuitamente algo. Qué adoptemos o no medidas para frenar esta destrucción, así como el tipo de estas medidas,
es algo que al planeta Tierra le da, en el fondo, lo mismo. La ciencia disponía ya hace 30 años de todas las informaciones necesarias y las comunicó para que se pudieran tomar decisiones para
proteger el clima. En aquel entonces, limitar el calentamiento a 2 grados sobre la temperatura media preindustrial hubiera sido algo relativamente fácil de implementar. Desde entonces hemos perdido
muchísimo tiempo y esta meta ha pasado a ser algo mucho más ambicioso. Sin embargo, ya un grado más de calentamiento climático puede tener consecuencias drásticas. La cuestión ahora es saber cuántos
daños podemos soportar en nuestro superpoblado planeta. Está en juego la llamada «habitabilidad», una prerrogativa que reducimos continuamente con nuestro comportamiento.
Thomas Stocker
estudió Física Medioambiental en el Politécnico de Zúrich. Ya durante la década de 1980 trabajó en el desarrollo de modelos climáticos más eficientes y en la investigación de las rápidas oscilaciones
climáticas. Desde 1993, este científico suizo es el director del Departamento de Física Climática y Medioambiental de la Universidad de Berna, un departamento pionero a nivel mundial en la
determinación de concentraciones de gas de efecto invernadero de los últimos 800.000 años. Para estas investigaciones, los científicos trabajan con núcleos de hielo de Groenlandia y del Antártico.
Stocker es también, desde 1997, uno de los principales científicos del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). En la actualidad, dirige, junto con el climatólogo chino Qin Dahe, el grupo de
trabajo «Ciencia», encargado de elaborar esta parte para el 5º Informe Climático previsto para 2013.
El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático |
Thomas Stocker
estudió Física Medioambiental en el Politécnico de Zúrich. Ya durante la década de 1980 trabajó en el desarrollo de modelos climáticos más eficientes y en la investigación de las rápidas oscilaciones
climáticas. Desde 1993, este científico suizo es el director del Departamento de Física Climática y Medioambiental de la Universidad de Berna, un departamento pionero a nivel mundial en la
determinación de concentraciones de gas de efecto invernadero de los últimos 800.000 años. Para estas investigaciones, los científicos trabajan con núcleos de hielo de Groenlandia y del Antártico.
Stocker es también, desde 1997, uno de los principales científicos del Intergovernmental Panel on Climate Change (IPCC). En la actualidad, dirige, junto con el climatólogo chino Qin Dahe, el grupo de
trabajo «Ciencia», encargado de elaborar esta parte para el 5º Informe Climático previsto para 2013.